
Luc Beson, guionista y director consagrado en Europa, se ha dedicado a ser más un productor de sus escritos que sentarse a dirigirlos. Uno de ellos es Taken, una cinta de acción y suspenso que dejó en manos del director Pierre Morel, quien tuvo a su cargo la dirección de The Transporter, otra cinta producida por Besson.
La trama de Taken redunda en cómo una banda de tratantes de blancas secuestra a la hija de un ex espía estadounidense, por lo que él debe viajar a la capital de Francia, encontrar a su hija y matar a los involucrados en menos de tres días.
El papel del abnegado padre recae en Liam Neeson, consagrado actor oriundo del Reino Unido, quien hace uso de su experiencia para interpretar a un héroe de acción, cuyas acciones recaen más en el análisis y la aplicación del razonamiento que en su fuerza bruta. La víctima, una niña de 17 años, es interpretada por una infantil Maggie Grace, quien con más de sus 20 años interpreta a una adolescente sin problemas.
Más allá de la crítica que merece la trata de personas, aún en estas épocas, encuentro que debajo de la trama se encuentra un dejo del poderío estadounidense. Como siempre, es el ex empleado del gobierno gringo quien hace lo que cientos de policías y organizaciones no han podido, eliminar a las sociedades esclavistas que trafican con personas inocentes. Cosa curiosa, se atreve a involucrar a personas en altas esferas de la sociedad con estos criminales.
Encuentro la producción muy bien lograda, hilando situaciones de manera inteligente y con un excelente uso de la continuidad, cámaras y locaciones. Esta es prácticamente la firma de Besson en la mayoría de sus producciones, las cuales espero que continúen a la alza en los siguientes años.



